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Estrictas líneas de luz

Estrictas líneas de luzXavier de Tusalle

Unicornio Al llegar a casa, tan cansado, nada más abrir la puerta me vino un aroma a rosa de añil.Dejé la cartera en el sofá y vi al unicornio en el salón.Pensé que hacía dos días que no regaba mis plantas y eché de menos a Henry el gato.Le vi dormido en el alfeizar de la ventana inmerso en un sueño en el que trepaba una escalera hacia la cara oculta de la luna.El unicornio me miró con sus ojos azules.Pero yo pensé que ya era demasiado tarde.Saqué la pistola de la cartera y la puse sobre la televisión.Luego fui al cuarto de atrás y tiré el ordenador por la ventana. Oí cómo caía blandamente sobre el césped. Yo nunca arrojaría mi ordenador sobre una superficie dura para que se rompiera. Solo quería despedirme sin demasiados protocolos.Él siempre hizo lo que pudo, a pesar de Microsoft.Saqué mis tres guitarras y les quité las cuerdas.Luego me serví tres cervezas y abrí el paquete de tabaco.Cuando abrí la primera ya me estaba bebiendo la tercera.Las matemáticas no siempre cuadran.El unicornio me miró con sus ojos azules.-No tengo nada que decir le dije.Él se inventó un campo de hierba y se puso a pastar.A mí me pareció bien.Yo siempre he vivido en los páramos y he logrado algo parecido a la supervivencia.Mejor, la vida a secas.Cuando el unicornio cogió la pistola y apretó el gatillo yo andaba ya por la sexta cerveza.Había abierto la segunda, pero las matemáticas no siempre cuadran.Me sorprendió la ausencia de sangre y el gran silencio que vino a continuación.Me vino un aroma a rosa de añil.El unicornio se desplomó sobre la alfombra y Henry el gato volvió de su viaje a la luna.-¿Qué hay? me dijo.-¿Eres idiota, Henry? He vuelto del trabajo y he tenido una pesadilla. Otra vez estaba en el puto mátrix.Henry se rascó la nuca.-¿Por qué no bajas a coger el ordenador y le pones las cuerdas a tus guitarras, Preston?-Porque el unicornio se ha suicidado.Yo me había bebido ocho cervezas y estaba abriendo la cuarta.Las matemáticas, realmente, no son exhaustivas. -Ve a dormir, Preston, ese ensayo que estás escribiendo sobre la coherencia humana te está dejando sin sueños.Me fui a la cama, no tenía ganas de discutir con Henry. Él solo es un jodido gato sin sociología adversa. Cuando entré en las sábanas frías, ahí estaba el unicornio.Me miró con sus ojos azules. Pero yo ya había perdido la cuenta de las cervezas que me había tomado y decidí darme otra oportunidad.Fui a regar mis plantas.Mientras entraba en la recámara del sueño, antes del último disparo, oí que el gato Henry y el unicornio cuchicheaban.10 de abril de 2009

Luna azulMilandra Barnon dejó la vela encendida, casi oculta en su funda roja, cuando se fue al trabajo.John había hablado con ella hacía unos instantes. Le habló de la luna azul, del plenilunio que auguraba el paso al año nuevo.Le dijo:-Yo no creo en el dios que inventaron los hombres, porque si el dios de los hombres existiera no tendría perdón de Dios.Ella esgrimió una sonrisa a través del teléfono.Su amor permanecía incólume. El verdadero amor, en este estercolero, no tiene fisuras.Mientras pensaba en eso, John fue preparando la bañera.Era una noche perfecta.Tenía un montón de botellas vacías, cascos acumulados en el suelo de la cocina sin orden ni concierto; botellas de vino, de cerveza negra, de cerveza abadía, de ginebra, de ronVertió el contenido de todas esas botellas en la bañera y abrió las cortinas del salón.Ya era muy tarde, rondaban las tres de la madrugada, año nuevo, 2010.Luna azul.Dos lunas en un mes, y un amago de eclipse.Le dijo que daría el gran paso. El mundo seguía ahí. El fracaso le correspondía a él. Yo no creo en el dios que inventaron los hombres, porque si el dios de los hombres existiera no tendría perdón de Dios.Pero él sabía que no se puede creer en la humanidad que inventó Dios, porque si esa humanidad existiera, Dios no tendría razón de ser.Casi todo lo inútil busca razones que no le competen.De otro modo, nunca hubiera existido el Big Bang, o el disparo del winchester, o su puta madre.No hay disparos huecos en un parquin sin apenas inquilinos.Todos quieren medrar y enfundarse los méritos.Sin embargo, la realidad no sostiene ningún mérito, baila sobre un mapa inconcluso.Y John lo sabía.Sumergió la cabeza en el líquido vacío y dejó de tener hambre y sed.Era Nochevieja y casi todas las máscaras eran evidentes.No era momento de disimular.Esperó un rato, hasta que la hora propicia lograra que la luna azul se reflejara en el desierto oculto en su bañera.Cuando miró, antes de entrar, solo existía el brillo tenue de una vela enfundada en su traje de plástico rojo.No se oyó el disparo.No hay disparos huecos en un parquin sin apenas inquilinos.Y, además, la vecina del tercero, esa horrenda dominicana que le machacaba los oídos con su jodida macumba, estaba por la labor.Morir es fácil, pero eso no se logra en una vida.Es mejor dejar de soñar y creer que estás despierto.Cuando Milandra Barnon llegó a casa -harta, saturada-, vio que la vela se había apagado. La luz se convirtió en un traje de plástico rojo arrugado.Eran las siete y media de la mañana, empezaba a amanecer. Año nuevo, 2010.Más tarde llamaría a John. El verdadero amor, en este estercolero, no tiene fisuras.Antes de acostarse vio un reflejo azul en su ventana y tuvo una sospecha en su corazón. Sin embargo, básicamente, todo es olvido.Para vivir hay que saber olvidar.No lo pensó pero ella sabía que John había agotado todas las botellas de su vida y se había internado en el desierto, donde solo crecen lámparas de sal.-Buenas noches, mi amor.Empezaba a amanecer.31 de diciembre de 2009

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